Nos disponemos una vez más a iniciar un día de caza con nuestros Podencos Andaluces de las tallas medias y chica. Somos cuatro amigos y compañeros de caza, dos jóvenes y los otros dos no tanto, yo soy de los no tan jóvenes, pues estoy próximo a los cincuenta y mi salud es “chunga”; siempre les digo a los más jóvenes, esos que tanto corren, que no olviden el viejo refrán “Para la caza del conejo, el cazador cojo y el perro viejo”; se dice que todos los refranes son verdaderos, pero amigos míos, éste es aplastante y si alguien lo duda que haga caso omiso de él, y que cace deprisa con los Podencos Andaluces y obtendrá fracaso seguro.

Quedamos a las cinco de la mañana y tras el saludo mutuo, nos disponemos a reunir a todos los perros en un solo remolque, a fin de viajar en el mismo vehículo, pues sabemos que la cacería se empieza en ese momento, con nuestra conversación; uno cuenta la anécdota que le ocurrió en la última cacería, otro habla de las excelencias de su perra vieja que no ha podido echar hoy porque está a punto de parir, y en su lugar lleva dos cachorros de siete meses, y así de esta forma y sin darnos cuenta transcurren las casi dos horas que tenemos hasta el cazadero. Es importante empezar las jornadas de caza en conversación, pues si alguien se encuentra bajo de moral se le procura animar, ya que a nuestro Podenco Andaluz ,el estado de ánimo de su cazador le afecta, no en balde es un perro de gran pureza (no lo sé decir de otro modo) pero de lo que estoy seguro es de su sensibilidad, no hay más que, por ejemplo, entablar una discursión a voces entre los componentes del grupo de cazadores, para que el Podenco Andaluz deje de cazar.
Es un perro que usa en su trabajo, inteligencia, astucia y buenos vientos, es por esto mismo, su inteligencia, que al notar que su trabajo es baldío deja de realizarlo.
La caza de conejo con Podencos Andaluces es una modalidad basada en el binomio “perros y escopetas”, se trata de un perro de caza para la escopeta y si ésta no acompaña, el rendimiento del perro baja.
El Podenco Andaluz de las tallas mediana y chica no es un pillador de piezas, sino un levantador nato que precisa del arma para que el lance se culmine; claro está que como en toda regla hay la excepción de aquel Podenco Andaluz que tiene la facilidad de atrapar piezas pero, afirmo que no es la generalidad, así como igualmente considero que lo ideal es cazar con estos podencos en grupo llamada recova. Nuestra recova hoy está compuesta por seis hembras y dos machos adultos así como de los dos aprendices de siete meses, que aunque cazan como locos, apenas levantan conejos. Llevamos la esperanza de que hoy nuestros perros van a tener ocasión de demostrar de lo que son capaces, pues el coto al que vamos tiene variedad de especies cinegéticas, de caza menor y mayor.

A nuestra llegada, lo primero que hacemos es soltar los perros, aunque teniendo presente que no sea muy temprano, hay que dejar que las piezas se encamen, de lo contrario los conejos correrán a sus vivares y nos quedaremos a la cuarta pregunta. Los perros saltan atropelladamente, corren enloquecidos, los más fogosos laten en sus carreras; nosotros sin prisa, pero con los nervios y emoción propios de la ocasión nos equipamos y tomamos las escopetas; enseguida oímos como algún perro ha levantado el primer conejo, a sus latidos acuden todos, vemos como se han ido en dirección contraria a la que pensamos tomar nosotros. Empezamos a caminar despacio, nos vamos abriendo hacia la mancha de mayor espesura, enseguida los perros comienzan a regresar a nuestro lado, ya jadeantes y contentos, cazan demasiado fuerte (rápido), empiezan los latidos y a sonar las escopetas, en un claro delante de mí, dos perras se disputan una liebre que han cogido herida, me aproximo a ellas despacio y hablándoles sin voces, al fin me la entregan tras un ligero forcejeo, las dos perras querían traer, porque las conozco; no la había puesto en mi morral todavía cuando tuve que dejarla caer y disparar a un conejo que como una exalación cruzo seguido del perro joven ¡qué satisfacción!, me lo trae a buena marcha, seguro temiendo que el viejo se lo arrebate; se lo tomo y le obsequio con un trozo de salchicha de los que siempre llevo sobre todo para los jóvenes, apenas termino de colgarme liebre y conejo cuando mi perra vieja por mi espalda se presenta con un conejo vivo y sin tiro, como ella hace de vez en cuando (mis podencos atrapan alguna caza a partir de los tres años de edad, antes difícilmente). Las escopetas cercamos la mancha, los perros se adentran en el matorral, ladran furiosamente, me llega la voz de un compañero: “¡¡Los cochinos!!”, los perros están con ellos, apresuradamente se cambian perdigones por balas, próximo a mi oigo tres tiros seguidos y un fuerte estruendo entre chillidos y ladrar de perros, pasados unos momentos observo como dos compañeros sacan de la maleza a la cochina y con qué furia los dos perros machos no dejan de morderla; oigo como el tercer compañero aunque desde lejos dice en voz baja: “¡los cochinos están en aquellas junqueras y zarzas que hay en el centro de la charca!” como si los perros hubieran entendido dejan de morder y se dirigen al lugar indicado; nadando y entre las enormes marañas de zarzas y juncos acosan a la manada de cochinos, en dos horas de ímprobo trabajo de los perros, se abaten los cochinos que en la báscula darían 60 kilos cada uno; al verraco lo vimos trepar la loma de enfrente con evidentes signos de ir tocado y aunque su cojera era manifiesta no fue posible cobrarlo.
Hacia las doce del día nos tomamos un descanso, y después de los comentarios lógicos, partimos de nuevo, esta vez en dirección a un arroyo próximo que conocíamos y que tiene gran cantidad de zarzas, pues estos podencos andaluces no las rehúsan (nos habían advertido que a las perdices no podíamos tirarles), los perros se adelantan y entran en las zarzas como si empezaran de nuevo a cazar, nos sorprende ver como empiezan a sacar perdices y entregárnoslas hasta un número de diez; entre tanto los conejos ponían pies en polvorosa a los latidos y persecución de nuestros perros, desde las zarzas a los encierros que hay en las paredes laterales. Las escopetas sonaban continuamente, los perros ya no se disputaban los conejos y los cobraban con fijeza.
Por la tarde regresamos al cortijo y comentamos al encargado del coto lo de las perdices, confirmándonos que el día anterior hubo ojeo en aquella zona y que algunas perdices de ala caían al arroyo y se perdían en las zarzas, en contra de lo que podíamos pensar nos felicitó por nuestros perros.
Cazar con uno o dos podencos de talla mediana o chica, puedo asegurar que es un placer, pues estos perros son capaces de adaptar su forma de cazar tanto si lo hacen en grupo como en solitario.

Cazar con un Podenco Andaluz o collera de ellos y una o dos escopetas es exponente de la caza a mano con perro, presentando una característica singular que los cazadores de esta modalidad sabemos, ésta es que el perro al localizar la pieza en la atocha, en la coscoja o en el matujo que sea, gira alrededor de la mata dando algunos latidos avisadores, estas vueltas las dan sin aproximarse demasiado al encame y con la rapidez necesaria para evitar que la pieza levante y cuando decide acosar lo hace por el lado opuesto al que se encuentra la escopeta, logrando así que la pieza en cuestión rompa hacia el cazador. Son muchos los Podencos Andaluces que al ser cazados en solitario hacen muestra firme.
Al hablar de estos podencos no quiero dejar de referirme a lo que considero de gran importancia y que es la tenencia de los perros de caza durante todo el año, seguro estoy de que para muchos cazadores esto supone un problema, a este respecto se puede afirmar rotundamente que el podenco andaluz mediano y chico es muy fácil de temer, ya que es pulcro por naturaleza, sociable a carta caval y nada exigente en su alimentación; capaz de recibir algunos días sin recibir alimento e incluso sin agua. Creo que este animal no sabe pedir y menos aun exigir, tenemos que andar con cuidado para que no se nos olvide que lo tenemos a nuestro cargo.
De este podencose han dicho algunas cosas como estas: que es el “Gran Desconocido”, así como el “Gran indocumentado”, esto último hasta hace poco tiempo que se ha empezado a reconocer como raza; estas dos calificaciones entiendo que apuntan directamente a nosotros, los cazadores de la región, por desconsiderados, injustos y desagradecidos, pues de él obtuvimos siempre servicio y fidelidad sin medida y nosotros les hemos pagado simplemente ignorándolos de forma egoísta. Seguramente habrá otros calificativos en ese sentido que no quisiera conocer. Por el contrario, hay otros que empiezan a hacer justicia con nuestro perro, por ejemplo: “ES UN PERRO QUE NO APRENDE A CAZAR, SABE CAZAR”; por mi parte y quizás para exculparme en cierto modo digo de él que: “ES UN PERRO COMPLETO Y CAPAZ”.